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24 de febrero de 2014

Historia del Monasterio de Novodévichi en Moscú.

Fragmento del artículo "De la zarina Sofia hasta Nicolai Gogol" de Carmen Marin / Periodista Rusia hoy

La historia del cementerio de Novodévichi es inseparable del monasterio del mismo nombre que lo alberga. Lo fundó en 1525 el gran príncipe Vasili III, en honor a la unión de la ciudad de Smolensk a las tierras rusas. El nombre indicaba que era el monasterio femenino más nuevo de los que existían en Moscú. En ruso novi significa 'nuevo' y dévichi es el adjetivo derivado de la palabra que significa 'muchacha'. Es decir, que la traducción sería 'nuevo monasterio de las doncellas'.
(...) puede ser que fuera en honor a la primera abadesa, Yelena Devóchkina, que representaría un importantísimo papel en su historia incluso cien años después de su muerte.
(...) Según la tradición rusa de entonces, si a los 23 ó 24 años una mujer no se había casado, estaba obligada a recluirse en un monasterio.
(...) Las hijas de los zares viudas estaban obligadas a prolongar su infeliz existencia en este lugar. Especialmente duro fue para la zarina Sofía, una gran mujer, inteligente, amante de la libertad, que no cedió en nada con respecto a su hermano Pedro I.
Sofia fue la primera zarina rusa que se permitió relaciones extramatrimoniales y no lo ocultaba. Algo nunca visto en aquella época. Estaba preparada para ser una futura dirigente, hablaba cinco idiomas y tenía conocimientos de Física, Matemáticas y Astronomía cuando su hermano Pedro apenas sabía escribir. Sofía supo cómo huir de la jaula del Kremlin, pero no disfrutó de la libertad por mucho tiempo. El monasterio de Novodévichi se convirtió para ella en una nueva cárcel. Aquí la encerró su hermanastro Pedro I.
(...)Y aunque nadie crea que la buena suerte puede darse en un lugar como este, los guías del cementerio cuentan la creencia de que al apoyarse cualquier mujer en la llamada torre de Sofía y pensar en un deseo, este se cumplirá.
(...)La fuerza que emana de todas las mujeres enterradas aquí es algo que está por aclarar, lo que es indudable es que en el monasterio y en el cementerio hay una poderosa protectora.
Enigmáticas historias 
Aún a finales del siglo XIX, las monjas del monasterio de Novodévichi contaban leyendas de fantasmas de abadesas protectoras. Tres figuras femeninas vestidas de negro que se deslizaban por el cementerio sin pisar el suelo aparecían para prevenir de una inminente desgracia. En el monasterio estaban seguros de que eran la primera abadesa del monasterio, Yelena Dévochkina, considerada santa y también aquí enterrada, la abadesa Dominika y la novicia Feofania.
(...)Estas monjas fantasmas protectoras siguen cumpliendo con su deber hasta el día de hoy.
(...)Hoy en día, el cementerio de Novodévichi es uno de los lugares más visitados de la capital, con más de siete hectáreas y 26.000 personas enterradas: personajes que cerraron la historia , del Imperio ruso, de la Unión Soviética, y finalmente, de Rusia.

FUENTE: ead / elarcadigital / Publicación semanal de La Caja de Ahorro y Seguro S.A. Edición N° 585 Se sugiere leer el interesante artículo completo en la revista mencionada.



9 de enero de 2014

Elogio de la duda.-Bertolt Brecht

¡Alabada sea la duda! Os lo aconsejo:
Saludadme con afable respeto
A quien pondere vuestra palabra como a falsa moneda.
Que yo os querría avisados, y que no dierais
Vuestra palabra por descontada.

Leed la historia, y ved
Los invulnerables ejércitos en descompuesta fuga.
Por doquiera
Se desploman indestructibles fortalezas, y
De aquella Armada Invencible que partió
Con un sinnúmero de naves,
Contadas regresaron.

Hete aquí que un día coronó un hombre
Una cima inaccesible
Y un barco alcanzó el confín
Del mar infinito.
¡Hermoso gesto, sacudir la cabeza
Ante la indiscutible verdad!
¡Qué valiente, el médico
Que cura al enfermo desahuciado!
Pero la más hermosa de todas las dudas,
La de los exánimes, la de los desesperados
Que levantan cabeza
Y dejan de creer
En la fuerza de sus opresores.

¡Ah, cuánta brega pugnaz, hasta sentar el principio!
¡La de sacrificios que costó!
Que es así, y no de tal otra manera,
¡Qué difícil resultó llegar a verlo!
Con un suspiro de alivio lo escribió un humano un día
En el libro de registros del saber.
Tal vez siga allí escrito mucho tiempo y muchas generaciones
Vivan con él y lo vean como sabiduría eterna
Y desprecien los enterados a quienquiera lo desconozca.
Y entonces podría darse que surgiera un recelo, pues nuevas experiencias
Hacen sospechoso el principio, y se despierta la duda.
Y que otro día, por cautela, tachara otro humano el principio
En el libro de registros del saber.

Asediado por un rugir de órdenes, inspeccionado
En su virtud, examinado por barbiluengos doctores,
Conminado por seres radiantes munidos de áureos distintivos,
Intimado por solemnes Papas a golpe de libro escrito por el propio Dios, instruido
Por impacientes maestros: así se halla el pobre, que ha de oírse
Que el mundo es el mejor de los mundos, y que la gotera
De su cuartucho por Dios mismo ha sido ideada.
Lo tiene realmente difícil
Para dudar de este mundo.
Anegado en sudor, construye el hombre la casa
En la que no habrá de vivir.
Pero también suda a mares quien construye
Su propia casa

Los irreflexivos nunca dudan.
Su digestión es brillante, su juicio, infalible.
No creen en los hechos; sólo se creen a sí propios. Si preciso es,
Los hechos deben creerles a ellos.
Su paciencia consigo mismos
Es ilimitada; a los argumentos,
Prestan oídos de espía.

Frente a los irreflexivos, que nunca dudan,
Están los meditabundos,
Que nunca actúan.
No dudan para venir a la decisión, sino
Para desertar de la decisión. De la cabeza
Se sirven sólo para sacudirla. Tan seriecitos
Advertirán de los peligros del agua
A los pasajeros del barco que se hunde.
Bajo el hacha del asesino,
Se preguntarán si no es también él un ser humano.
Se van a la cama mascullando
Que la cosa no está aún cabalmente pensada.
Su acción consiste en vacilar.
Su sentencia favorita: no está listo para sentencia.

Cuando alabéis la duda –ni que decir tiene—,
No la confundáis con la
Irresolución sin esperanza.
¿De qué le vale dudar
A quien no puede decidirse?
Quien con razones insuficientes se conforma
Puede equivocarse en la acción;
Inerme siempre ante el peligro queda
Quien demasiadas necesita.

Y tú que eres dirigente, no olvides
Que lo eres porque antes dudaste de los dirigentes.
¡Permite, pues, a los dirigidos
Dudar!